Un radical en la familia


Texto escrito por Álvaro Martín Prieto al finalizar el curso Fe y Cultura del Aula Malagón-Rovirosa en la Casa Emaús.

“Si vives con radicalidad el evangelio, serás perseguido en todas partes, hasta en tu familia.”

Esta frase que se pronunció al inicio del curso de Fe y Cultura en la casa Emaús de Torremocha, fue a mi modo de ver una de las ideas que estarían presentes en las distintas ponencias que allí se dieron. Desde esa frase tan contundente me gustaría hacer mi personal resumen de lo que allí vivimos juntos. Debo aclarar que por motivos de espacio me he limitado a comentar sólo una parte de las ponencias, por ello pido disculpas a los aquí ausentes.

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Persecuciones, o tipos de ellas hay muchas, te pueden perseguir por creer en Dios (ocurre en el occidente relativista donde el simple hecho de mantenerte firme en una verdad te convierte en integrista a los ojos de tus vecinos), por reconocer a Jesucristo como hijo de Dios (países islámicos), por pertenecer a la iglesia católica (China y resto de países comunistas).

 

Es evidente que hoy en día el creyente ya es sospechoso de por sí, tus valores te impiden por ejemplo aceptar que todo lo que la ciencia sea capaz de hacer, debe hacerse. La ciencia es intocable, nadie se atreve a desconfiar de ella o de llevarla la contraria, es prácticamente el único punto en el que todos los partidos políticos están de acuerdo, decía José Antonio Langa, carta blanca para la técnica, pero tú sabes que sistemáticamente dejan a Dios fuera de todas sus teorías y posibilidades, y sabes que eso las hace fallidas de antemano. El cristianismo concibe un mundo asequible a la razón y la ciencia pretende convertirse en explicación globalizadora de la existencia, lo sabes, lo dices y te tachan de retrógrado.

 

Lo mismo ocurre con las leyes que pretenden convencernos de la bondad de cosas que a todas luces son negativas para el ser humano. Como convertir el aborto en un derecho, tú sabes que es un crimen, un pecado, pero una vez más te señalan.

Las personas que componen el proyecto Raquel conviven a diario con el drama y el sufrimiento que esto genera, sólo un largo proceso de autoaceptación, arrepentimiento y perdón pueden devolver a la persona su amor por los demás y por sí mismo.

 

Radical es el que busca la verdad, y el que lo hace busca a Cristo incluso sin saberlo. El  encuentro con Cristo te obliga al compromiso y a la entrega, cambia tu vida y te exige que cambies lo malo que tienes a tu alrededor.

 

Para transformar el mundo hay que conocerlo bien, ediciones voz de los sin voz pretende desde una posición realmente revolucionaria acercar a los menos favorecidos el derecho fundamental de la  formación. La cultura es el mejor medio para conseguir que los pobres puedan salir de esta situación y sean protagonistas de su historia. Con este único ánimo y no el del lucro, nos presentan una cuidada y extensa colección de obras imprescindibles que nos abren los ojos, que tienen en cuenta a todos aquellos que han luchado por el hombre de la calle.

 

Cuando te sumerges en la páginas de alguno de estos libros notas que hay algo que te estaba esperando, como le ocurría a Edith Stein al entrar en cada iglesia.

Mucho trabajo y amor siendo fieles al “lo que gratis se te dio, gratis lo entregas”, para ayudarnos a escapar de lo que el sistema pretende que seamos, clones adormilados de pensamiento único, para acompañarnos en el ser persona libre, activa y militante.

 

En África dicen que no hay que correr alrededor de la verdad sino afrontarla y decirla sin miedo, nunca conocí verdad tan clara como la del evangelio nos dijo Vladimir (sacerdote converso en un régimen comunista), también nos animó a demostrar con nuestro testimonio que no todo da igual, que en ambientes relativistas como el actual hay que comportarse como lo hubiera hecho Cristo en nuestro lugar, ser heroico en las pequeñas cosas de cada día como entrenamiento para poder serlo también en las importantes. En definitiva, hay que encontrar la posibilidad de ser cristiano en el tiempo que nos toque, sin quejarnos, ser capaces de brillar allá donde estemos, mostrando nuestros valores, sintiéndonos responsables de las cosas que pasan en nuestra época, vivir un cristianismo radical, alegre y en comunidad, porque siempre hay una solución, una posibilidad para la vida y para la bendición.

 

Sin formación y reflexión no puede haber acción eficiente no se puede ser radical en la verdad, para perseguirla y cambiar el mundo se necesita un profundo proceso de conversión.

Místicos sencillos necesitamos, nos dijo Víctor Navarro, como aquel humilde zapatero que introdujo a San Juan Pablo II, en el conocimiento de San Juan de La Cruz. Todos tenemos la culpa de todo, decía Dostoievski, somos culpables de lo que pasa, se ha generado una cultura de la indiferencia, ¿qué hacemos con el aborto, la violencia, el hambre o el paro?, debemos conocer el problema y denunciarlo, pero antes deberemos purificarnos en el arrepentimiento, ser conscientes del pecado y saber que Jesús nos recuperará para la vida. Los conversos suelen pasar por este proceso.

 

La mentalidad imperante desde siempre es que las cosas nos las tienen que solucionar los de arriba, ellos son los que pueden cambiar la historia (¿de Nazareth puede salir algo bueno?). El reino de Dios se crea desde el inicio con la ayuda de los más pobres, con una promoción integral desde abajo. El proceso de conversión viene de la imitación de Jesús y luego del afán de transformación del mundo.

 

Cuando Jesús dice dad al cesar lo que es del cesar y a Dios lo que es de Dios, cambia la historia de la humanidad, porque reconoce el derecho de todos los hombres a lo más fundamental, al amor, la justicia, la verdad, la piedad, la libertad….hasta ese momento sólo tenían derechos los fuertes.

Conversos como Foucauld nos dicen que la mejor manera de convertir a alguien no es con discursos sino probándole que se le quiere: “Cuanto hicisteis a cada uno de mis hermanos a mí me lo hicisteis, son las palabras que más me han impresionado del evangelio, si se piensa que estas palabras son ciertas, ¿cómo debemos vivir? Jesús ocupó el último lugar de tal manera que nadie se lo puede quitar, tan pronto como adiviné que había un Dios comprendí que no había otra forma de vivir que dedicarle la vida a Él. Jesús no hizo otra cosa que bajar, siendo pobre, despreciado, ejecutado, poniéndose en último lugar. Paso mi vida tratando de imitarlo”.

 

El proceso de conversión suele empezar cuando se caen tus ídolos, lo que te hacía vivir sin tener en cuenta a Dios, cuando te sientes querido más allá de la vida que lleves y quieres buscar la verdad.

La conversión personal tiene muchas trabas y persecuciones al producirse en una sociedad de mentalidades mezcladas y de intereses egoístas, te llamarán radical por conocer la verdad, por mantenerla y sobre todo por defenderla.

 

Como dijo Julián Gómez del Castillo, a la cruz se sube uno solo y tiene consecuencias.

Hay que convertir la mentalidad; ante la miseria, asociación, ante la ignorancia, libros, conciencia. Hay que convertir la vida entera, el modo como se reza, vive, trabaja, lee, es una nueva forma de existir en la sociedad, es una espiritualidad encarnada.

 

Foucauld, como San Pablo o San Agustín, conversos, profetas en su tiempo, denunciando el estado de las cosas pero transmitiendo alegría y entusiasmo en lugar de queja y apesadumbramiento, radicales en sus familias que se enfrentaban cada mañana al mundo apoyándose en la verdad del evangelio y escuchando continuamente la voz de Dios que nos pregunta: ¿dónde está tu hermano?

 

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